Mutación de la lectura
La escritura, como la retórica (o el derecho), nació de la
necesidad de administrar bienes.
Fueron escritos en el siglo V antes de Cristo los textos que hoy
pensamos como pioneros.
Aquella escritura delegaba a la lectura y a cada lector la
materialización sonora de la voz.
Leer era una praxis donde las cuerdas vocales vibraban para
expandir palabras por el aire:
Cuando él leía, sus ojos
barrían la página, y su corazón
buscaba el sentido, pero su voz
era silenciosa y su lengua quieta
(…) lo encontramos sentado en
silencio, ya que él nunca leía en voz alta.
En el fragmento citado anteriormente, San Agustín, delata la
concepción de lectura del siglo V:
los escritores esperaban una audiencia, o auditorio, no un lector
relacionándose con su pensamiento.
Un murmullo incesante irrumpía en aquellas bibliotecas, las mismas
que hoy razonan en silencio.
Ulteriormente, se escribía sin espacios entre palabras y el lector
debía separar, oralmente, una a una.
No usaban puntuación, volviendo primitiva su
lecto-escritura: Puntuar es ordenar las ideas.
El voto de silencio de los monasterios y el derecho a leer sin
intervención ajena la Biblia
convirtieron paulatinamente al ejercicio de leer en un
encuentro del lector con su voz consciencia.
El alcance de la lectura creció sobremanera con el invento de
Gutenberg en el siglo XIV,
la imprenta revolucionó los modos de crear y repartir los
conocimientos y deleites literarios.
Ahora bien, un libro cerrado es sólo eso. Es volumen: una cosa
entre las cosas.
Una vez abierto ocupa otro espacio: la mente de quienes lo han
transitado.
Pero, ¿En qué espacio, fuera de mi mente, se encuentra el
artículo que estoy escribiendo?
¿Y el que estás leyendo?
Los libros están en las máquinas y su volatilidad es, para varios,
tan inaprensible como el infinito.
Nos asombra hoy -como asombró a San Agustín el silencio del
lector- el poder de la internet.
¿Qué haremos con la autoridad del saber que durante siglos le
otorgamos a la imprenta?
¿Quién, más que el artificio de la web, clasificará y jerarquizará
la eterna producción de textos?
¿Cómo se ordenarán los conceptos si ya no más con un índice o con
una tabla de contenidos?
Intentaré hallar, si no respuestas enteras, al menos preguntas
dignas de mayor excitación.
Queda abierta aquí, en la primavera de la bloggsfera, la intimidad
de mi escritura.
Léanla como les plazca.
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